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ENVIOS POR MRW / RETIROS EN TIENDAS VAGOS

La Libertad de un alma tranquila

Lofoten, norte de Noruega


Me arrojé a esta aventura en un road trip, para vivir la experiencia de viajar hasta un lugar tan lejano de casa, y disfrutar, no solo el hecho de practicar los deportes que me han apasionado, sino hacerlo en Lofoten, uno de los lugares ubicados por encima del círculo polar ártico y que forma parte de la región de Nord-Norge. Ustedes pueden pensar que hace un frío congelante, sin embargo las temperaturas invernales son muy suaves a pesar de su ubicación. Esto es una de las mayores anomalías de temperaturas en el mundo con las que me he encontrado.

Lofoten sin dudas es un lugar hermoso. Con decirles que las islas que lo conforman son conocidas por su gran belleza natural. Y es que “El Pie del Lince”, como también es conocido por sus picos puntiagudos, que le dan la forma de este animal visto desde tierra, tiene grandes paisajes que pueden dejar a más de uno con la boca abierta, como lo hizo conmigo y mis acompañantes.

Nuestra experiencia inició cuando arribamos a Voss, un pueblo ubicado en Noruega central donde nos encontramos con Hege Ringard, un practicante profesional de Salto BASE y Wingsuit Flying, y que me acompañó en mi arriesgada travesía por descubrir estos deportes en otras partes del mundo.




Tras haber pasado dos días realizando actividades de skydiving en dicho pueblo, empacamos todo lo necesario, ropa contra el viento, muy pero muy abrigadas y alimentos, sin olvidar a nuestro guía, empezamos un nuevo recorrido a tierras nórdicas, lo que implicaría otro reto, ya que tendríamos que ir por encima del círculo polar ártico, donde las condiciones ambientales muchas veces son difíciles y ponen a prueba la mente humana.

Al llegar a nuestro destino, créanme, después de recorrer muchas millas y haber practicado Base Jumping y surf en todos los spots que nos encontramos en el camino, llegamos a Boda. En este pueblo nos embarcamos en un ferry para llegar a Lofoten. Al llegar, agotados, pero con las ganas de seguir avanzando más y más en nuestra aventura, no paramos, sino que nos dirigimos hasta Unstad Beach, pero las condiciones de esa playa para ese momento eran difíciles, por lo que lo tomamos como advertencia y decidimos esperar al día siguiente.

Con las ganas que teníamos de enfrentarnos a ese mar, nos acostamos hasta el día siguiente con la esperanza de encontrarnos un cielo despejado, y para nuestra sorpresa, el sol salió esplendoroso, haciéndonos saber que sería un día especial.




Al retomar nuestro camino a la playa nuevamente, nos encontramos con olas que iban desde cuatro hasta siete pies de altura, por lo que sin ninguna duda, acordamos todos que éste era el momento para lanzarnos en esta aventura, por lo que, desde bien temprano, llegamos a la costa con nuestros equipos e implementos.

Surfear aquí fue sin duda una experiencia tan distinta al Caribe. Por las gélidas aguas del norte, el surfista necesita un wetsuit o traje lo suficientemente grueso para mantenerse cálido.

Continuando con nuestra travesía, nos encontramos en un momento del día en el que las olas se alinearon de manera perfecta, dándonos la oportunidad de surfearlas completamente y haciéndonos tener la sensación de que éramos los reyes de las olas de ese mar.




Los días en Lofoten, al norte de Noruega, normalmente son más largos. El sol se oculta aproximadamente a las 11 de la noche, los que nos hizo estar disfrutando de las olas por un largo rato. Al percatarnos de la hora, decidimos que era tiempo de culminar la jornada.

Cabe decir que, al bajar de la tabla, y volver a tierra firme, tuve una sensación tan profunda que solo podía venir desde un alma libre. Libre por haber sentido el frío del mar, libre por las inmensas olas que me permitieron montarlas hasta lo más alto. Libre de disfrutar cada cosa creada. Y al final, libre por la tranquilidad que en la vida uno puede encontrar.

El día no pudo culminar mejor, ya cuando nos disponíamos a descansar para iniciar nuestro viaje de retorno, la naturaleza nos regaló toda una noche de auroras boreales, al punto que no nos importó habernos desvelado esa noche, por tan solo disfrutar el aire de libertad y tranquilidad que podíamos sentir.

Chris Gadler


Foto: Lisa Tietz