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ENVIOS POR MRW / RETIROS EN TIENDAS VAGOS

Kenny Garzón (Intruso): Gráfica Bastarda

Maracay, Aragua.


Todo comenzó desde que estaba muy chamo, recuerdo estar interesado en lo que era la movida del graffiti, intentando descifrar lo que decían aquellas letras abstractas y así me involucré un poco con esa cultura, tomando alguna lata de spray y rayando cualquier locura en paredes. Con el tiempo recuerdo salir a patinar con los compinches de la zona y queriendo imitar los dibujos de las tablas y diferentes marcas skate, la gente que hacía esas gráficas estaba en otro nivel y los diseños me parecían brutales. Hasta ese punto lo que dibujaba o pseudo pintaba, carecía de algún concepto o voluntad mayor. 

 

Fue entonces, ya más adolescente en los primeros años del liceo gracias a la hermana de un amigo que llegaba de México, me presentó una nueva música que recibí como una patada en la cara, se trataba del punk. Ese ruido que llegó para alterarlo todo, sonido áspero y acelerado con letras crudas y frontales que le dieron un giro a mi cerebro.



 

A partir de allí, cambió tanto mi estilo como contenido gráfico. Con el paso de los años me formé académicamente como diseñador y me involucré en uno que otro taller de artes gráficas, creo que tuve la suerte de compartir con docentes realmente buenos en su materia, cosa que agradezco.

 

Algo que también aportó bastante a lo que hoy hago de manera autoral fue la experimentación de diferentes técnicas, siempre investigar y observar a otros, pero sobre todo, atreverse a hacer, tener la autodeterminación y ganas de lograr un resultado. En mi caso, prevalece la actitud del D.I.Y (Hazlo tú mismo) porque si bien la academia es algo necesario, cuando realmente asumes las cosas; el proceso de aprendizaje y creación de forma autogestionada da geniales resultados.

 

Mi primer viaje, por allá en los años 80’s, fue del vientre de mi madre a este mundo, realmente no tengo recuerdos de ello, pero me cuentan que no hubo mayor novedad. Si recuerdo un viaje cuando muy niño, bastante traumático pero con final feliz. El destino eran las playas de Ocumare de la Costa, durante lo que llamaban "La Subida". Todo era asombroso, ambiente nublado, clima frío y esos grandes árboles con cientos de formas como sacadas de libros de ficción. Pero al iniciar "La Bajada" todo cambió, yo, un muchacho de apartamento, para nada acostumbrado a ese tipo de desafíos padecí de lo que llaman "mareo", y fue allí cuando comencé a vomitar casi cada cinco curvas. La bajada fue larga hasta llegar a La Trilla, donde un baño de río de agua helada y una respectiva arepa quitarían todos los males, poco después, me encontraba pisando la arena de una playa soleada, y con un poco de miedo o incertidumbre me bañé y aventuré en el mar a disfrutar de las olas.